¿Qué le llevó a dedicarse a la investigación?
Desde niño, siempre me han movido la curiosidad y el deseo de entender cómo funcionan las cosas. Todavía recuerdo que solía abrir y desmontar todo lo que encontraba a mi alrededor, para comprender los secretos internos de objetos y demás cachivaches. Después, solo fue cuestión de convertir esto en un trabajo.
¿Cuál es su línea de investigación?
Suelo definirme como científico de los alimentos por formación y químico analítico por pasión. Trabajo en la intersección entre la química, la ciencia de los alimentos y la salud pública. Mi investigación se centra en la evaluación de la calidad y la seguridad alimentaria, con un fuerte énfasis en la química analítica aplicada a los alimentos, las bebidas y los materiales en contacto con ellos. Me he especializado en el desarrollo, optimización y validación de métodos analíticos para detectar contaminantes y aditivos en la comida y sus envases.
¿Qué áreas específicas abarca esta investigación?
Mi trabajo cubre varias áreas interconectadas. Una parte muy importante es la evaluación de aditivos, contaminantes y los componentes que se transfieren o "migran" desde los materiales de envasado a los alimentos. Para lograrlo, es fundamental desarrollar y optimizar flujos de trabajo analíticos utilizando técnicas avanzadas como la cromatografía o la espectrometría de masas de alta resolución, combinando enfoques dirigidos y no dirigidos. Por otro lado, mi labor está muy ligada a la evaluación de la exposición y el riesgo. Identificar un contaminante no es el final del camino y es crucial evaluar hasta qué punto los consumidores pueden estar expuestos a esa sustancia química y si esa exposición podría representar un problema para la salud. También, la sostenibilidad ambiental es clave en lo que hago. Me interesa especialmente la transición hacia alternativas de envasado más ecológicas y los estudios de Análisis de Ciclo de Vida (ACV).
¿Hay algún proyecto en el que haya trabajado que destaque especialmente?
Varios proyectos han sido significativos, pero el que más destaca, sin duda, es el actual: SAFE-GREENPACK. Lidero una línea de investigación que analiza la seguridad de los envases alimentarios desechables "verdes" o ecológicos, cada vez más presentes en el mercado. En nuestra necesaria prisa por sustituir los plásticos de un solo uso por alternativas sostenibles, debemos asegurarnos de no estar introduciendo accidentalmente nuevos riesgos químicos para la salud humana. El proyecto combina el análisis de mercado, un flujo de trabajo analítico basado en el análisis no dirigido y una evaluación de riesgos final. Trabajar en esto bajo la supervisión de expertas como las profesoras Margarita Aznar y Elena Canellas hace que sea increíblemente gratificante.
¿Cómo ve el futuro de su área de investigación? ¿Qué tendencias o desafíos destacaría?
Desde mi humilde punto de vista, el futuro de la investigación en seguridad alimentaria estará ligado al análisis no dirigido y al big data. La espectrometría de masas de alta resolución nos está abriendo las puertas a la detección de miles de sustancias desconocidas. El verdadero desafío será estandarizar estos complejos flujos de trabajo, aportando robustez y confianza a los resultados analíticos para que las normativas de seguridad puedan avanzar al mismo ritmo que la innovación comercial.
“En la necesaria prisa por sustituir los plásticos de un solo uso, debemos asegurarnos de no introducir nuevos riesgos químicos para la salud humana”
¿Qué ha supuesto recibir el respaldo europeo para su trabajo?
Recibir la beca postdoctoral Marie Skłodowska-Curie es un gran hito, tanto en lo profesional como en lo personal. En primer lugar, al ser una ayuda tan competitiva y prestigiosa, sirve como una validación oficial de la calidad y el impacto social de esta investigación. También demuestra una trayectoria capaz de atraer financiación competitiva, algo crucial para una carrera investigadora a largo plazo. En lo personal, al tratarse de una beca de movilidad, me ha brindado la oportunidad de mudarme a España, sumergirme en una nueva cultura y colaborar con el I3A de la Universidad de Zaragoza, que alberga uno de los grupos de investigación líderes a nivel mundial en la caracterización no dirigida de materiales en contacto con alimentos.
¿Qué es lo que más disfruta de su trabajo?
El equilibrio entre el estímulo intelectual y su utilidad en el mundo real. Me encanta el reto de resolver complejos rompecabezas analíticos utilizando instrumentos de última generación. También la naturaleza multidisciplinar de mi campo, siempre hay algo nuevo que aprender. Por el lado humano, me produce una inmensa satisfacción saber que mi trabajo diario puede impactar directamente en la salud pública.
¿Qué aconsejaría a alguien que quiera dedicarse a la investigación?
Que mantenga siempre la curiosidad, que es el motor de la investigación. Si disfrutas haciéndote preguntas y cuestionando las ideas preconcebidas, ya estás en el camino correcto. Les animaría a apostar por la movilidad. Salir de tu zona de confort te expone a diferentes culturas científicas y distintas formas de pensar, lo que amplía tu perspectiva. Por último, les diría que las habilidades de comunicación son tan importantes como las técnicas. Ser capaz de explicar tu trabajo con claridad a otros científicos, a los responsables políticos o incluso al público general es cada vez más esencial en las carreras investigadoras.
De cerca…
¿Qué estudió? Biotecnología Agroindustrial.
Un sueño: echar raíces en algún lugar y formar una familia.
Una afición: me encanta el deporte.
Un libro: he disfrutado leyendo “El año de la liebre”, de Arto Paasilinna.
Una película o una serie: “Hacia rutas salvajes”, dirigida por Sean Penn.
Un disco, un grupo o un cantante: Subsonica.
Un viaje que haya hecho o que quiera hacer: Próximamente, voy a volar a Malasia y Singapur.
Cómo se definiría: Una persona apasionada.